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La residencia internacional propone un espacio de inmersión e intercambio donde la creación artística se convierte en un medio para interrogar y reconfigurar las relaciones entre tecnología, territorio y memoria. Desde esta perspectiva, se invita a formular proyectos que activen metodologías críticas y especulativas, capaces de dialogar con ecologías diversas, saberes ancestrales, arqueologías de los medios y los múltiples modos en que el arte se intersecta con el diseño, la ciencia y las prácticas colaborativas contemporáneas. La residencia funciona así como un laboratorio extendido, donde el cruce entre investigación y experimentación abre rutas para imaginar nuevas formas de sensibilidad y conocimiento.

Entendida como un proceso situado, la convocatoria convoca a que cada propuesta se vincule profundamente con el contexto cultural, social o ambiental del lugar elegido, generando intercambios significativos con agentes locales e internacionales. Más que un resultado final, el énfasis recae en los procesos: en la construcción de lenguajes experimentales, en el desarrollo de dispositivos y tecnologías propias, en la creación de experiencias sonoras, performáticas o inmersivas que cuestionen los límites disciplinares. El espíritu de la residencia es propiciar una práctica que amplíe las posibilidades de lo artístico y lo tecnológico, promoviendo redes vivas de pensamiento, creación y aprendizaje.